Hasta hace menos de mil años la gente creía que este lugar era el confín del mundo conocido. Más allá no había nada, sólo mar. Si acaso, unas bestias monstruosas que vivían allí donde terminaba el océano y que devoraban a todo aquel que osase navegar por el “Mare Tenebrosum”. Afortunadamente estas ideas desaparecieron por completo con el paso del tiempo, pero aun así, hoy día este paraje sigue rodeado de misterio, de leyendas y de creencias que lo convierten en un lugar que arrastra una buena carga de misticismo. Así es el Cabo de Finisterre: el mirador al Fin del Mundo.
El Cabo Finisterre es una península que se adentra 3 kilómetros en el mar de la Costa da Morte. Su emplazamiento es de singular relevancia, ya que desde aquí todo lo que se ve (miremos a derecha, a izquierda o de frente) es mar. No en vano, Finisterre (o Fisterra) es el punto más occidental de Europa. Por eso, desde la antigüedad se consideró este lugar el fin de la Tierra, o finis terrae, como lo bautizaron los romanos. Hoy día, en cierto modo, el Cabo Finisterre sigue siendo para muchos el fin de algo, el final de un camino, de un recorrido, tanto físico como espiritual.
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